Fan Fiction: C.S.I.

Monday, August 27, 2007

0.3 Sedantes

3:32 de la mañana, intenté dormir durante horas. Me daba vueltas en la cama recordando la noche anterior, no podía descansar en paz. Todo el alboroto del asalto y mi estadía en el hospital me hicieron recordar mi última visita a un establecimiento médico. Fue una mañana, mucha gente y mi primer paseo en ambulancia, entrada por urgencias, sangre y olor a alcohol. No es un recuerdo muy lindo, debe ser por eso que me desagradan los Hospitales. Prefiero las morgues, ahí los muertos no tienen vuelta atrás.

Cerré los ojos y sacudí la cabeza para olvidar los pensamientos desagradables. Desesperada por un poco de calma, apreté varias veces el botón que estaba al lado derecho de la cama para pedir ayuda. A los pocos segundos, llegó una enfermera de aspecto calmado, el tiempo le había dado la experiencia suficiente para saber calmar a alguien cuando lo necesitaba.

-¿Qué sucede linda?-

-No puedo dormir- dije con cara de desesperación.

-No se preocupe, ¡le voy a traer algo que la hará dormir como un angelito hasta mañana!- me respondió con cierto tonillo picaresco.

A los minutos después llegó con una bandejita, en ella había una jeringa con un líquido traslúcido en su interior y una aguja tapada sobre ésta. Dejó la bandeja a la orilla de la cama y tomó la jeringa, desenroscó la tapa de la aguja y mirando en dirección a la luz hizo saltar un poco del líquido, como lo hacen en las películas para asustar a los niños que no quieren inyectarse, aun que en realidad es para sacar el aire que puede quedar dentro. Con calma, entró la aguja en el catéter puesto en uno de mis brazos e hizo pasar el líquido. Podía sentir la sustancia acercarse amenazante a mi vena, luego recorriendo fría mis redes sanguíneas provocando un suave golpe de calma a mi alrededor. Los problemas y pesadillas se iban de a poco y solo quedó paz, tranquilidad y cansancio, mucho cansancio, eterno e inagotable. A los pocos minutos ya estaba durmiendo, tan profundo que ni siquiera sentí a la enfermera irse.

Durante la noche soñé mucho y con muchos. Hablé con mi familia al otro lado del globo. Con mi profesor de la universidad, estaba en una de sus clases. Soñé que hablaba con un gran perro San Bernardo, bastante culto por cierto, mientras dábamos vueltas por el interminable museo Louvre en Paris. Y lo último que recuerdo haber soñado, fue con los hombres que conocí la noche anterior, el policía simpático, los paramédicos y el señor Grissom. Incluso soñé con el tipo del restaurante, esta vez logré hablarle y el me daba una especie de tour por la ciudad. Creí soñar demasiado, al menos sentí que solo había cerrado los ojos por unos minutos antes de abrirlos otra vez.

En la mañana desperté media mareada, aun tenía efectos del sedante. Tenía el brazo derecho estirado a mi lado y el izquierdo con un yeso hasta el codo sobre mi estómago. Con los ojos entreabiertos miré el techo unos segundos, pero me di cuenta que no estaba sola, alguien estaba sentado a unos metros de mi y me miraba paciente.

-Buenos días, por fin despiertas- me dijo Grissom incorporándose en su silla.

-Hola…-le contesté mirando en su dirección y formando una sonrisa.

-¿Cómo te sientes?- .

-Dopada- le respondí restregándome un ojo.

-No es para menos, llevas 3 días inconsciente. Al parecer el Lorazepam hizo su trabajo- me dijo en tono burlón.

-¡¿3 días…inconsciente?!- dije con asombro y pensé “–con razón soñé tanto, tuve tiempo de sobra-”.

-Si, de hecho los doctores pensaron que te habían sobre medicado, pero la dosis no fue alta. Están investigando que sucedió-.

Intenté sentarme en la cama, muy lentamente. Se produjo un silencio incómodo, yo estaba incómoda.

-Y…¿Cómo estuvo su mañana?- Lo primero que se me pasó por la cabeza.

-Agitada, como siempre… Pero algo te incomoda ¿verdad?-

-Bueno… ¿Qué está haciendo aquí? Ayer… el día del accidente me interrogó un detective. Si quieren interrogarme nuevamente debería haber venido un policía con usted… ¿o no? o al menos esperar a que saliera- Dije bajo los efectos del tranquilizante, sin notar lo frío que había sonado.

-Bueno…-comenzó a decir impresionado- aun que no lo creas, la policía no tiene nada que ver. Vine por mi cuenta, solo quería saber como estabas-.

Un poco más despierta pude notar lo que había dicho. Agaché un poco la cabeza como niña arrepentida.

-Perdón por hablarle así, sólo que no esperaba una visita social- .

-Está bien, no te preocupes- me dijo restándole importancia -¿Qué te han dicho?-.

-Que tengo una contusión en algunas costillas, un brazo enyesado, el otro con puntos y un hematoma del porte del Gran Cañón en la espalda… pero me siento bien- le respondí con humor –aunque no quiero estar aquí, no me gustan los hospitales. Ayúdeme por favor-.

-¿Qué quieres que haga?-

-Hable con alguien, ¡usted tiene influencias! Por favor, sáqueme de este lugar o terminaré más enferma ¡y no precisamente por algo corporal!-

-Pero estás convaleciente, sería mejor que te quedaras por unos días más, al menos hasta que…-

-Se lo que tengo que hacer y lo que no. Puedo cuidarme sola, de verdad-

-Está bien, haré lo que pueda-

-Gracias-

-Oh, por cierto, hable con el director del laboratorio y le mostré tu expediente, me llegó ayer por e-mail. Le gustó bastante tu historia, a demás de estar cortos de personal. Así que en cuanto salgas de aquí, tienes una entrevista con él y ya tendrás trabajo- me dijo con ánimo.

-¿me está hablando enserio?- dije casi en estado de shock.

-Claro que es enserio… por eso viniste aquí en un principio ¿no es verdad?-

-...Si, claro. Solo que no esperaba que fuera tan rápido y sobre todo tan fácil- procesé un momento la información, quedándome algo no muy claro - Espere un momento ¿Por qué está haciendo todas estas cosas por mí? ¡Ni siquiera me conoce!-

-Por que fuiste alumna de un buen amigo, y si el confió en ti como para mandarte hasta aquí… Yo confío en la experiencia de Carlos-.

-Suena razonable- respondí más convencida –De cualquier forma, muchas gracias señor Grissom, le debo una-

-Está bien, no tienes por que agradecerme, solo moví un pequeño hilo de un gran tejido-

Le sonreí tratando de expresar todo el agradecimiento que sentía. Él se paró de su asiento como si de pronto recordara algo que había olvidado hacer.

-Bueno, es hora de irme. Hay gente mala que espera por ser atrapada-.

Comenzó a caminar en dirección a la puerta, la abrió y se detuvo justo antes de traspasar el umbral.

-¡Sr. Grissom!- no quería quedarme sola. Su compañía me reconfortaba, intenté demorarlo unos segundos más -....muchas gracias por venir a visitarme... ¡por todo en realidad!-.

-Fue un placer- me respondió con una sonrisa final, y se fue por el pasillo hasta que se perdió de mi vista.

-Bueno, creo que ya me hice un amigo- dije con ánimo en medio de mi soledad.

Dos horas antes Grissom estaba en el Laboratorio, se dirigía a la sección de audiovisuales. Revisaría el video de seguridad del bar con Nick. Por increíble que pareciera, aquel bar si tenía vigilancia aun que muy antigua y la imagen no era muy nítida.

Nick retrocedió la cinta hasta el principio. Adelantó las partes sin acción, que correspondían a casi 3 horas, hasta que vio movimientos. Retrocedió un poco para ver la entrada de “alguien” con mayor claridad, en eso llegaba Gil.

-¿Tienes algo nuevo?- inspeccionó Grissom la imagen en la pantalla.

-Estaba en eso, mira esto-

Los dos sentados frente a la pantalla miraban una figura que entraba al local. Una mujer, de un metro setenta de estatura aproximadamente, cabello negro, muy largo y suelto hasta la cintura, vestía ropa oscura. Miró a su alrededor y se acercó cautelosamente a un piano, intercambia palabras con el dueño del local y se sienta a tocar. Unos segundos después entran silenciosos por la puerta dos hombres armados, uno apunta al hombre detrás de la barra y el otro se acerca a la mujer sentada. Luego se desata una contienda, la mujer termina brutalmente arrojada en el piso. Ahora los dos hombres apuntan al dueño del bar, uno le dispara en la cabeza y éste cae muerto al piso. Los ladrones intercambian palabras y uno dispara en dirección al montón de mesas sobre la chica. Vuelan astillas y los hombres salen del lugar. Después de eso, no hay movimiento, solo calma.

Los dos criminalistas observaron unos segundos mas la pantalla, como hipnotizados por las imágenes.

- Esa es la chica. Fue valiente, supo como defenderse. Lástima de que no fuera suficiente- Dijo Nick positivamente impresionado.

-Tuvo mucha suerte, uno de esos disparos pudo matarla.

-Seguro-

-Aun está inconsciente, lo extraño es que no se sabe por que. Estuvo despierta hace algunas noches atrás-

-¿Tu como sabes eso?-

-Es evidencia, Nicky-

-Como tú digas, jefe-

Grissom se paró de su asiento y caminó en dirección al pasillo.

-Déjale el video a Archie para que intente mejorar la imagen. Veamos si podemos identificar a alguno de los asaltantes. Si tienes algún problema me llamas. Mantenme informado-.

-¡¿Adonde vas?!- Le preguntó Nick aun sentado en su asiento. Pero Gil no alcanzó a escucharlo.


En la sala común, donde generalmente los CSI se reunían para tratar temas en conjunto y, más comúnmente usado como comedor, Catherine y Sara hablaban tranquilamente de su caso, cuando Grissom pasa por el pasillo un tanto apurado.

-¡Ey! Grissom, vamos a desayunar, ¿nos acompañas?- invitó Sara.

Como perdiendo la concentración, Griss se asoma por la puerta.

-Gracias, pero tengo que ir al Hospital- Y salió otra vez por el pasillo.

-¿Es idea mía o Grissom anda muy extraño?-

-¿Grissom, raro? ¡vamos! Él es así por si no lo habías notado- Respondió Cath con una sonrisa. –Bueno, vamos a desayunar, ¡me muero de hambre!-.

Dos horas y tres minutos después, seguía en esa sala de hospital, sola y aburrida hasta la última gota de mi sangre. “-por eso a nadie le gustan los hospitales, por que son fomes-“pensé, mientras miraba por la ventana. No había mucha naturaleza para alegrar el día, solo un sol fuerte que llenaba el lugar. Hubiera deseado escuchar algo de música.

En ese momento estaba dispuesta a vender el alma por algo de música. Siempre había sido el motor de mi vida junto con las ciencias.

No podía soportar tanta calma, tenía que moverme. Siempre había sido hiperkinética y ahora estaba obligada a estar en una cama. Intenté levantarme bruscamente pero un fuerte dolor en el tórax me lo prohibió. Recordé que al día del robo andaba con un bolso pequeño, en el tenía unas pocas cosas que para mí eran indispensables: billetera, estuche de maquillaje, libreta de números telefónicos (en ese momento inútil), un cuaderno de ideas por si surgía la inspiración repentinamente, y ¡un reproductor de discos!, gastado y mancillado hasta la médula pero funcionando a la perfección. Me paré con sumo cuidado ésta vez y busqué por la habitación hasta dar con un pequeño guardarropas, en su interior, mi preciado bolso.

Pasé el resto del día escuchando una y otra vez el disco que traía. Una mezcla de varias canciones “made in casa”, que contaba con Los Beatles, Los Who, Elvis, Cardigans, Bon Jovi y algo de mis raíces como Los Tres y De Saloon, entre otros. Debo haberlos escuchado mínimo unas cinco veces.

En la tarde, un doctor fue a verme. Me habló de mi condición y del yeso, que por cierto debía llevar por un mes. De mis costillas, tendría que guardar reposo por unos días pero pronto estaría normal. Revisó la herida del brazo y dijo que estaba cicatrizando perfectamente. Y la moradura pasaría sola. Al día siguiente ya podría largarme del hospital.

En la mañana, intenté vestirme de la mejor forma posible. Ordené mis cosas y me di una “manito de gato”. Terminaba de guardar las cosas, cuando sentí que alguien venía.

-¿Ya te vas?- Era Grissom. Al entrar en la habitación se sacó los lentes de sol que traía puestos.

-Si, me dieron de alta… Gracias-

-Ahora vas a casa ¿verdad? Debes guardar reposo-

-¿Cómo…?- iba a preguntar como sabía pero era obvio.

-Vamos, te llevo-

-¿Enserio? Gracias- Me tomó el bolso y salimos del hospital. En el estacionamiento había pocos autos, nosotros nos dirigimos al más grande. Era una especie de Grand Cherokee negro, perfecto a mi gusto de autos grandes. Me ayudó a subir y nos fuimos de aquel desagradable lugar matasanos. La ventana de mi lado estaba un poco abierta, y al sentir el viento en la cara me sentí viva otra vez, como si el aire me diera algo que necesitaba desesperadamente. Sentí la mirada de Grissom pero preferí mantenerme inmóvil. Estaba demasiado extasiada con el aire como para perdérmelo. Después de unos minutos de viaje llegamos al Hotel, mi hogar.

-Bueno, ya estas en casa-

-Jaaa… claro, gracias por traerme le debo otra más, bueno varias- Le contesté agradecida –Lo invitaría a tomar un café pero no tengo cocina - continué apuntando al hotel a mis espaldas con gracia.

-No hay problema. Dejémoslo para cuando tengas trabajo- me dijo burlón.

-Le prometo que el lunes voy a estar por sus aposentos- le respondí con la misma gracia, y lo abrasé y di un beso en la mejilla. El se quedó inmóvil.

-Lo siento, es la costumbre. Yo… solo quería agradecerle- me excusé avergonzada. No dijo nada, solo sonrió y se volvió al auto. Lo seguí con la mirada hasta que encendió la máquina y di media vuelta para entrar al hotel.

-¡Victoria…! No me llames señor. “Grissom” está bien- me dijo con otra sonrisa, e hizo andar el vehículo hasta que se perdió de vista.

Ese hombre tenía algo especial, su sola presencia me hacía sentir protegida, su mirada tenía algo que me hacía sentir segura y al mismo tiempo tenía algo misterioso, intrigante. Hace tan poco tiempo que lo conosía y ya lo sentía serca, como si quisiera cuidarme.

Thursday, August 03, 2006

0.2 Éste no es mi día

De pronto abrí los ojos. Eran las 11:34 de la mañana del día siguiente de haber llegado a la ciudad, y me había quedado dormida encima de una cama polvorienta y sin taparme y para colmo tuve un sueño que iba de maravilla pero fue cortado por la estridente bocina de un loco. –Ojalá y todo resulte tan fácil- pensé acordándome del sueño, con un hilo de baba saliendo por mi boca. - Que diablos, si no me levanto ahora pasaré raja todo el día - dije en voz baja mientras trataba de levantarme.

Una vez en la ducha, traté de relajarme y planear el día, pero un jabón rebelde se metió en mi ojo y me hizo llorar por horas. –Éste no es mi día- pensé mientras me vestía, sin saber lo que vendría después.

Salí relajadamente a la calle, necesitaba conocer un poco más el lugar antes de lanzarme a la vida. Y aun que me seguía llorando el ojo a causa del jabón asesino, y la cabeza me dolía por la mala noche anterior, tenía bastante buen humor para pasar el día.

Caminé por horas, no tenía idea donde estaba metida, pero todo era tan agradable que donde estaba era lo menos importante, y al parecer el paseo me hizo olvidarme de todo por que ni hambre me dio.

Ya en la tarde, tipo 15 o 16 horas, pasé a un bar a beber una copa. No acostumbro a beber muy a menudo, pero debía celebrar como Dios manda la llegada a mi nuevo mundo. Entré al lugar, no era muy elegante que digamos pero no era un antro de perdición tampoco. Estaba vacío, ni un alma penando en el lugar ni siquiera el dueño. Para mi sorpresa había un piano, sobre un escenario ovalado en medio del lugar. Me acerqué lentamente, subí al escenario y me senté en el banquillo frente al piano. Palpé las teclas con las yemas de mis dedos, sintiendo el frío y suavidad de su piel de madera. Cuando iba a tocar la primera tecla entra el dueño del lugar por una puerta junto al bar, limpiando un baso con un paño blanco.
-Está cerrado- me dijo sin mirarme y con una voz dura.
-Lo siento, no vi el letrero de cerrado, por eso entré – le respondí un poco asustada, la voz del hombre me había hecho pegar un salto aun que su aspecto no era para nada temible.
-Debí haberlo olvidado- dijo el hombre mirando a la puerta pensativo y cambiando el tono a mas suave, y luego continuó.
-¿Tocas?-
-Claro, de todo – respondí mas alegre.
-Bueno, toca algo si quieres y si puedes sacarle sonido a ese viejo piano. No se ha usado mucho, las visitas a este lugar han disminuido últimamente- me dijo mirándome y con una sonrisa.

Como si me hubieran puesto una inyección, me senté de nuevo en el banquillo y comencé a tocar. De pronto todo el lugar quedó inundado de música, “Love of my life” de Queen fue la canción elegida. El sonido retumbaba en mis oídos al igual que mi corazón comenzó a latir muy fuerte, la canción había llegado directo a mis emociones.

Estaba en la cúspide de la canción cuando escuché el sonido de un baso quebrándose, me detuve automáticamente y miré en dirección al dueño. Estaba con las manos arriba y con cara de muy asustado. Iba a levantarme de mi asiento para ir en su ayuda cuando siento algo en mi cabeza, algo duro que me empujaba con fuerza, quise voltear la cabeza pero un ruido me detuvo, algo que nunca eh podido olvidar y aun recuerdo en pesadillas.

Lo que me apuntaba era una pistola semi automática, calibre 9 mm, capacidad de 12 tiros modelo 9000 S, y el sonido era ésta misma cargándose, claro que eso lo supe al tiempo después. El miedo comenzó a apoderarse de mí, empecé a tiritar. El hombre aun apuntándome con la pistola me tomó el peló y lo tiró con fuerza hacia atrás hasta que mi oído quedó a la altura de su boca y dijo con calma y una deliciosa maldad.
-Si te mueves o gritas, te vuelo la cabeza-.

Como nunca eh seguido mucho las órdenes lancé un golpe con mi mano derecha por sobre mi cuello, le llegó de lleno en la mejilla. Logré soltarme de su yugo y corrí en dirección al cantinero, antes de poder avanzar siquiera unos metros había vuelto a estas sujeta por el mismo tipo, ésta vez me tomó por la cintura y volvió la pistola a mi cabeza. Comenzó a reírse de una manera cruel y detestable mientras bajaba de a poco la mano que tenía en mi estómago. Lancé un nuevo golpe pero éste fue esquivado y con una gran brusquedad me golpeó en un brazo y me tiró al suelo con todas sus fuerzas. Di a parar a 6 metros de donde estaba, arrastrado conmigo mesas y sillas que cayeron sobre mí.

Una balacera comenzó en ese momento, tan terrible que solo atiné a cerrar los ojos y llorar con fuerza. Escuchaba muchos golpes cerca de mi y astillas de las mesas volaban por sobre mi cara hasta que se produjo un silencio. Nadie decía o hacía nada, solo un silencio sepulcral por al menos 30 segundos. Después el tipo, junto con otro que no había visto antes, comenzaron a gritarle al dueño del lugar amenazándole. Le ordenaron que les diera todo lo de valor que poseyera, pero el dueño del bar era tan terco como yo, aun que con un poco más de recursos. Mientras les daba el dinero de la caja registradora marcó al 911. Para su mala suerte, el tipo que en todo momento le apuntaba a la cabeza, se dio cuenta y sin ninguna piedad disparó. Al escuchar el disparo abrí los ojos muy grandes, aun tirada en el suelo. Miré a mi alrededor solo con los ojos, temblando y sin moverme. Hubo silencio otra vez, pero esta vez duró poco, uno de los ladrones dijo algo como “mátala o nos puede delatar” y el otro al escuchar esto disparó en mi dirección. Con los ojos muy abiertos me quedé mirando al techo mientras disparaba, hasta que un dolor agudo me hizo estremecer. A los segundos después perdí la conciencia.

Un olor fuerte me hizo despertar, un paramédico tenía un algodón con alcohol bajo mi nariz. Intenté levantarme pero me dolía la cabeza.
-Quédate quieta, sufriste un asalto y tienes una herida en el brazo, pero no es profunda, la bala solo te rozó, tuviste suerte- me dijo el paramédico tratando de calmarme.
-¿Qué pa… que pasó con el señor…?-
-No estaba vivo cuando llegamos, tenía un disparo en la cabeza- respondió seco.


-¡Por fin! ¿Que me tienes para hoy, Grissom?- preguntó Catherine con ánimo. Las conversaciones cesaron.
-Tú, Sara y Warrick irán al Hotel Flamingo, hubo un asesinato, allá les darán los detalles- Respondió Gil leyendo los papelitos con los datos de los casos.
-Nicky y yo iremos a la avenida Reno, asalto con dos victimas, una fatal y la otra herida- continuó entregando un papel a Nick y otro a Cath, mientras todos se paraban del rededor de una gran mesa. Sara bebió un sorbo de café mientras se ponía una chaqueta oscura. Warrick iba a tomar unas llaves de la mesa.
-Yo manejo- anunció Catherine adelantándose. Todos se despidieron y fueron a sus respectivos casos.


Después de unos minutos pude ponerme de pie y caminar hasta la ambulancia estacionada. Ahí me senté y me revisaron el brazo derecho en el que tenia la herida mientras sostenía con la puerta del vehículo una bolsa de hielo sobre mi cabeza . Me revisaron el otro brazo y al parecer estaba peor, lo tenía quebrado producto de la caída. –Tendrán que ponerte yeso en este brazo, pero el otro no está tan malo, solo harán falta unos puntos y…- me decía otra paramédico a la que no puse atención, no podía dejar de pensar en todo lo que había pasado y que si el ladrón hubiera tenido mejor puntería ahora estaría muerta, también pensé en aquel amable hombre que no corrió mi misma suerte. Esos pensamientos me asustaron y lloré en silecio, tan solo para darme el gusto de desahogarme sin escándalo.

Al rato después llegó frente a mí un policía de unos 40 y algo, de aspecto simpático y relajado.
-Hola, mi nombre es Jim Brass, Policía de Las Vegas, necesito hacerte unas preguntas antes de que vallas al hospital, solo tardaré unos minutos- me habló calmado. Reaccionando tardíamente con cara de pena muerta contesté.
–No se preocupe, no tenía planeado irme a ningún lado hasta hablar con ustedes-. Intenté sonreír y continué – Mi nombre es Victoria, Victoria Bale -. Hablamos por un buen rato y le conté todo lo que había pasado con lujo de detalles.


-Brass ¿Qué hay? – Saludó Grissom.
-Hola Gil. La escena está igual, nadie tocó nada aparte de los paramédicos que atendieron a una de las víctimas- Respondió Jim, y continuó -No tiene heridas grabes, solo varios hematomas, rozón de una bala en el brazo derecho y quebrado el izquierdo, es lo mas visible. Tiene buen ánimo-.
-Ok, gracias Jim- respondió Gil comenzando a caminar para procesar la escena.
- Grissom, la chica preguntó por ti… te está esperando- le detuvo el detective. Gil se giró poniendo una cara extrañada levantando una ceja.
-Adelántate Nick, voy en un minuto- le anuncia su supervisor.
-Está bien, comenzaré a procesar en seguida- le responde éste igual de intrigado.


-Hola, yo soy Gil Grissom. Brass me dijo que querías hablar conmigo- me hablo un hombre maduro, de aspecto sencillo y amable, ojos claros y profundos.
-Es tal como lo imaginaba, Sr. Grissom- le respondí con una sonrisa y un poco más valiente que en el sueño. –Solo que no pensé que podría ser en estas circunstancias- Lo observé unos segundos, fijándome en los rasgos de su cara, en sus ojos atrayentes. -Fui alumna de un viejo amigo suyo, Carlos Bladel, en Santiago de Chile. Yo soy a quien él envió- continué.


Antes de entrar en la escena del crimen, Nick se volteó a mirar a Grissom. Pensó en que tendría que ver con la víctima del asalto, sobretodo, que tenía que ver con una chica. Su vida social al igual que su vida en general era un misterio. Los miró largo rato, ella se veía muy tranquila, aun que se notaban los caminos de las lágrimas por su cara. - Es linda, en otra situación, y si no hubiera estado trabajando, me habría acercado a conocerla – pensó.


-Necesitas que te vea un médico- me dijo Grissom después de una corta charla.
-No es necesario, no tengo nada, estoy segura – le respondía haciéndome la valiente.
-¿Segura que estas bien?- me volvió a interrogar inconforme con mi respuesta.
-Es primera vez que me apuntan con una pistola cargada en la cabeza…éste no es mi día…- dije pensando en voz alta y mirando nada.

Friday, July 28, 2006

0.1 Desde el Fondo

Todo comenzó con mi llegada a USA. Era primera vez que salía de mi país, no había practicado el inglés intensivamente. Recién salía de la universidad y ya llegaba a un nuevo mundo y a una nueva vida. Lo simpático de esto, y de mi apellido en especial, es que tengo descendencia inglesa pero ninguno de mis parientes era realmente inglés o americano, todos son nacidos en Chile. Por lo que decidí viajar “por mis raíces” y experimentar con un cambio…a demás de poder ejercer mi recién estrenada profesión.

Al llegar a Las Vegas, me vi sin hogar y sin trabajo. Mis ahorros durarían poco tiempo y tendría que mantenerme de alguna forma.

Busqué en vano el Hotel barato, que me habían recomendado, en donde poder quedarme algunos días, y no digo en vano por los valores, si no por que no ubicaba ni una sola calle después de salir del aeropuerto. Pregunte a la gente que caminaba por el lugar, algunos muy ocupados para detenerse, otros simplemente me ignoraban.

Después de varias horas de caminar sin sentido, decidí parar por un pequeño restaurante, desde mi llegada no había comido nada y de eso hacía mas de 7 horas. Entré al lugar y estaba bastante desolado, lo que no me causó molestia alguna. Me senté en una mesa cuadrada y pequeña en un rincón del lugar, desde ahí podía verlo todo. Y aunque generalmente soy extrovertida, esa vez estaba tan asustada, cansada, hambrienta, pobre y preocupada que me sentía la persona más desprotegida del mundo, y me mantuve en el mayor silencio posible. Llamé al camarero con una señal de mi mano izquierda, el cual llegó a los pocos minutos, ordené tan solo un sándwich y un jugo.

Mientras esperaba mi pedido, miré al resto de mis “compañeros de comida”, de entre los cuales pude ver a un chico, bastante guapo por cierto, de unos 30 años, cabello muy corto, piel clara y ojos oscuros. Lo miré largo rato y seguí cada movimiento suyo, al parecer tenía prisa ya que comía con mucha rapidez, de pronto algo tapó mi vista, el camarero traía mi comida. –Gracias- dije cortésmente y moví mi cabeza a un lado tratando de buscar el mejor ángulo para seguir mirando al chico que me tenia tan intrigada. Para mi mala suerte, en cuanto el camarero se fue, el chico terminó de comer y se paró de la mesa para pagar lo consumido, de todas formas lo seguí con la mirada y lo vi salir del lugar mientras se acomodaba la tira del bolso negro que se cruzaba por el pecho. –Algún día lo volveré a ver, estoy segura- Pensé para mis adentros- esta ciudad puede ser grande, pero el mundo es pequeño y da muchas vueltas- continué tratando de darme esperanzas mientras tomaba el emparedado en mis manos.

Ya eran las 7:30 de la tarde y aun no encontraba el bendito Hotel, así que opté por mi última opción, no quedaba otra que tomar un taxi. Me subí al primero que encontré, acomodé mis cosas y le indiqué al chofer.

- Al Hotel Mai por favor-

- Como usted diga señorita- me respondió mientras avanzábamos. Yo estaba fascinada mirando el panorama exterior, ahora comprendía como “Las Vegas” era visible desde el espacio exterior. Empezaba a oscurecer por lo que no pude leer bien el nombre de las calles para memorizarlas.

Al llegar al Hotel, perdí una habitación, la más barata, y subí las escaleras como pude con mis dos maletas, un bolso y mi mochila de mano. Al llegar a la habitación, que estaba en el tercer piso de cuatro, abrí la puerta y entré de apoco. Busque el interruptor de luz y miré todo mi alrededor, no era una pieza muy grande ni bonita pero cabía yo y mis cosas que era lo importante, a demás de contar con su respectiva cama y baño. Dejé mis cosas en un rincón y me desplomé en la cama, estaba tan agotada que al mismo instante de tirarme en ella, me quedé profundamente dormida y no supe más del mundo hasta el día siguiente.

En la mañana desperté como si un camión gigante hubiera pasado por sobre mi cadáver. Un dolor intenso martirizaba mi pobre cabeza agotada, pero tenía que levantarme, había mucho que hacer y no podía perder tiempo. Empecé por ordenar mis cosas, puse alguna ropa en colgadores y los introduje en el closet, seguí con lo demás en cajones y mis zapatos al lado del mastodonte de madera.

Luego me bañe y vestí rápidamente, era hora de buscar trabajo. Salí a la calle y me interné en el mágico mundo de Las Vegas de día. Después de una hora de dar vueltas, logré dar con el Laboratorio Criminalístico de Las Vegas. Oh, ése hermoso lugar lleno de policías, científicos, muertos y criminales, el lugar en donde siempre quise trabajar. Aun que mi apariencia y carisma no era muy acorde con el de un científico, toda mi vida quise ser uno y así aprovechar de darle un poco de alegría a ese mundo tan fúnebre.

Entré al lugar, todo el mundo estaba ocupado en sus labores, al parecer había ocurrido un accidente automovilístico y habían llegado muchos cadáveres, por lo que había más trabajo que nunca. Aprovechándome del pánico, me acerqué a la recepción y le hablé a la secretaria que buscaba algo afanosamente.

- Disculpe, busco a una persona-

- ¿lo trajeron aquí hace poco?- me respondió sin mirarme y aun buscando…lo que fuera que estuviera buscando.

- No, él esta vivo y debería trabajar aquí. Su nombre es Gil Grissom- le dije recordando el nombre que hace meces atrás me había memorizado.

La joven al escuchar el nombre me miró de inmediato.

- Haberlo dicho antes, creo que está en su oficina, pero ¿puedo saber por que lo buscas?- preguntó con un tono interesado.

- Es por un asunto de trabajo- le respondí con cara angelical.

- Está bien. Si quieres puedes pasar a buscarlo directamente, es la última oficina de este pasillo- dijo apuntando con la mano hacia su derecha -sigue hasta el fondo y luego giras a la izquierda-.

- Muchas gracias- respondí y seguí el camino indicado. Al pasar vi diferentes oficinas, algunas con murallas de vidrio, por lo que pude ver a la gente en plena acción.

Al llegar a la puerta de la oficina que buscaba me quedé parada, estaba nerviosa y me temblaban las manos, al fin me armé de valor y golpeé la puerta.

- Adelante- respondieron desde el interior. Aun temblando abrí la puerta y entre despacio. Un hombre maduro, de cabello un tanto blanco y bastante atractivo me miraba con atención.

- Bbb…buenos días, usted debe ser el Sr. Grissom. Vengo por el trabajo que usted le ofreció a Carlos Bladel por uno de sus alumnos, mi nombre es Victoria Bale- le dije estirando una mano al hombre que me miraba interrogante.