0.3 Sedantes
3:32 de la mañana, intenté dormir durante horas. Me daba vueltas en la cama recordando la noche anterior, no podía descansar en paz. Todo el alboroto del asalto y mi estadía en el hospital me hicieron recordar mi última visita a un establecimiento médico. Fue una mañana, mucha gente y mi primer paseo en ambulancia, entrada por urgencias, sangre y olor a alcohol. No es un recuerdo muy lindo, debe ser por eso que me desagradan los Hospitales. Prefiero las morgues, ahí los muertos no tienen vuelta atrás.
Cerré los ojos y sacudí la cabeza para olvidar los pensamientos desagradables. Desesperada por un poco de calma, apreté varias veces el botón que estaba al lado derecho de la cama para pedir ayuda. A los pocos segundos, llegó una enfermera de aspecto calmado, el tiempo le había dado la experiencia suficiente para saber calmar a alguien cuando lo necesitaba.
-¿Qué sucede linda?-
-No puedo dormir- dije con cara de desesperación.
-No se preocupe, ¡le voy a traer algo que la hará dormir como un angelito hasta mañana!- me respondió con cierto tonillo picaresco.
A los minutos después llegó con una bandejita, en ella había una jeringa con un líquido traslúcido en su interior y una aguja tapada sobre ésta. Dejó la bandeja a la orilla de la cama y tomó la jeringa, desenroscó la tapa de la aguja y mirando en dirección a la luz hizo saltar un poco del líquido, como lo hacen en las películas para asustar a los niños que no quieren inyectarse, aun que en realidad es para sacar el aire que puede quedar dentro. Con calma, entró la aguja en el catéter puesto en uno de mis brazos e hizo pasar el líquido. Podía sentir la sustancia acercarse amenazante a mi vena, luego recorriendo fría mis redes sanguíneas provocando un suave golpe de calma a mi alrededor. Los problemas y pesadillas se iban de a poco y solo quedó paz, tranquilidad y cansancio, mucho cansancio, eterno e inagotable. A los pocos minutos ya estaba durmiendo, tan profundo que ni siquiera sentí a la enfermera irse.
Durante la noche soñé mucho y con muchos. Hablé con mi familia al otro lado del globo. Con mi profesor de la universidad, estaba en una de sus clases. Soñé que hablaba con un gran perro San Bernardo, bastante culto por cierto, mientras dábamos vueltas por el interminable museo Louvre en Paris. Y lo último que recuerdo haber soñado, fue con los hombres que conocí la noche anterior, el policía simpático, los paramédicos y el señor Grissom. Incluso soñé con el tipo del restaurante, esta vez logré hablarle y el me daba una especie de tour por la ciudad. Creí soñar demasiado, al menos sentí que solo había cerrado los ojos por unos minutos antes de abrirlos otra vez.
En la mañana desperté media mareada, aun tenía efectos del sedante. Tenía el brazo derecho estirado a mi lado y el izquierdo con un yeso hasta el codo sobre mi estómago. Con los ojos entreabiertos miré el techo unos segundos, pero me di cuenta que no estaba sola, alguien estaba sentado a unos metros de mi y me miraba paciente.
-Buenos días, por fin despiertas- me dijo Grissom incorporándose en su silla.
-Hola…-le contesté mirando en su dirección y formando una sonrisa.
-¿Cómo te sientes?- .
-Dopada- le respondí restregándome un ojo.
-No es para menos, llevas 3 días inconsciente. Al parecer el Lorazepam hizo su trabajo- me dijo en tono burlón.
-¡¿3 días…inconsciente?!- dije con asombro y pensé “–con razón soñé tanto, tuve tiempo de sobra-”.
-Si, de hecho los doctores pensaron que te habían sobre medicado, pero la dosis no fue alta. Están investigando que sucedió-.
Intenté sentarme en la cama, muy lentamente. Se produjo un silencio incómodo, yo estaba incómoda.
-Y…¿Cómo estuvo su mañana?- Lo primero que se me pasó por la cabeza.
-Agitada, como siempre… Pero algo te incomoda ¿verdad?-
-Bueno… ¿Qué está haciendo aquí? Ayer… el día del accidente me interrogó un detective. Si quieren interrogarme nuevamente debería haber venido un policía con usted… ¿o no? o al menos esperar a que saliera- Dije bajo los efectos del tranquilizante, sin notar lo frío que había sonado.
-Bueno…-comenzó a decir impresionado- aun que no lo creas, la policía no tiene nada que ver. Vine por mi cuenta, solo quería saber como estabas-.
Un poco más despierta pude notar lo que había dicho. Agaché un poco la cabeza como niña arrepentida.
-Perdón por hablarle así, sólo que no esperaba una visita social- .
-Está bien, no te preocupes- me dijo restándole importancia -¿Qué te han dicho?-.
-Que tengo una contusión en algunas costillas, un brazo enyesado, el otro con puntos y un hematoma del porte del Gran Cañón en la espalda… pero me siento bien- le respondí con humor –aunque no quiero estar aquí, no me gustan los hospitales. Ayúdeme por favor-.
-¿Qué quieres que haga?-
-Hable con alguien, ¡usted tiene influencias! Por favor, sáqueme de este lugar o terminaré más enferma ¡y no precisamente por algo corporal!-
-Pero estás convaleciente, sería mejor que te quedaras por unos días más, al menos hasta que…-
-Se lo que tengo que hacer y lo que no. Puedo cuidarme sola, de verdad-
-Está bien, haré lo que pueda-
-Gracias-
-Oh, por cierto, hable con el director del laboratorio y le mostré tu expediente, me llegó ayer por e-mail. Le gustó bastante tu historia, a demás de estar cortos de personal. Así que en cuanto salgas de aquí, tienes una entrevista con él y ya tendrás trabajo- me dijo con ánimo.
-¿me está hablando enserio?- dije casi en estado de shock.
-Claro que es enserio… por eso viniste aquí en un principio ¿no es verdad?-
-...Si, claro. Solo que no esperaba que fuera tan rápido y sobre todo tan fácil- procesé un momento la información, quedándome algo no muy claro - Espere un momento ¿Por qué está haciendo todas estas cosas por mí? ¡Ni siquiera me conoce!-
-Por que fuiste alumna de un buen amigo, y si el confió en ti como para mandarte hasta aquí… Yo confío en la experiencia de Carlos-.
-Suena razonable- respondí más convencida –De cualquier forma, muchas gracias señor Grissom, le debo una-
-Está bien, no tienes por que agradecerme, solo moví un pequeño hilo de un gran tejido-
Le sonreí tratando de expresar todo el agradecimiento que sentía. Él se paró de su asiento como si de pronto recordara algo que había olvidado hacer.
-Bueno, es hora de irme. Hay gente mala que espera por ser atrapada-.
Comenzó a caminar en dirección a la puerta, la abrió y se detuvo justo antes de traspasar el umbral.
-¡Sr. Grissom!- no quería quedarme sola. Su compañía me reconfortaba, intenté demorarlo unos segundos más -....muchas gracias por venir a visitarme... ¡por todo en realidad!-.
-Fue un placer- me respondió con una sonrisa final, y se fue por el pasillo hasta que se perdió de mi vista.
-Bueno, creo que ya me hice un amigo- dije con ánimo en medio de mi soledad.
Dos horas antes Grissom estaba en el Laboratorio, se dirigía a la sección de audiovisuales. Revisaría el video de seguridad del bar con Nick. Por increíble que pareciera, aquel bar si tenía vigilancia aun que muy antigua y la imagen no era muy nítida.
Nick retrocedió la cinta hasta el principio. Adelantó las partes sin acción, que correspondían a casi 3 horas, hasta que vio movimientos. Retrocedió un poco para ver la entrada de “alguien” con mayor claridad, en eso llegaba Gil.
-¿Tienes algo nuevo?- inspeccionó Grissom la imagen en la pantalla.
-Estaba en eso, mira esto-
Los dos sentados frente a la pantalla miraban una figura que entraba al local. Una mujer, de
Los dos criminalistas observaron unos segundos mas la pantalla, como hipnotizados por las imágenes.
- Esa es la chica. Fue valiente, supo como defenderse. Lástima de que no fuera suficiente- Dijo Nick positivamente impresionado.
-Tuvo mucha suerte, uno de esos disparos pudo matarla.
-Seguro-
-Aun está inconsciente, lo extraño es que no se sabe por que. Estuvo despierta hace algunas noches atrás-
-¿Tu como sabes eso?-
-Es evidencia, Nicky-
-Como tú digas, jefe-
Grissom se paró de su asiento y caminó en dirección al pasillo.
-Déjale el video a Archie para que intente mejorar la imagen. Veamos si podemos identificar a alguno de los asaltantes. Si tienes algún problema me llamas. Mantenme informado-.
-¡¿Adonde vas?!- Le preguntó Nick aun sentado en su asiento. Pero Gil no alcanzó a escucharlo.
En la sala común, donde generalmente los CSI se reunían para tratar temas en conjunto y, más comúnmente usado como comedor, Catherine y Sara hablaban tranquilamente de su caso, cuando Grissom pasa por el pasillo un tanto apurado.
-¡Ey! Grissom, vamos a desayunar, ¿nos acompañas?- invitó Sara.
Como perdiendo la concentración, Griss se asoma por la puerta.
-Gracias, pero tengo que ir al Hospital- Y salió otra vez por el pasillo.
-¿Es idea mía o Grissom anda muy extraño?-
-¿Grissom, raro? ¡vamos! Él es así por si no lo habías notado- Respondió Cath con una sonrisa. –Bueno, vamos a desayunar, ¡me muero de hambre!-.
Dos horas y tres minutos después, seguía en esa sala de hospital, sola y aburrida hasta la última gota de mi sangre. “-por eso a nadie le gustan los hospitales, por que son fomes-“pensé, mientras miraba por la ventana. No había mucha naturaleza para alegrar el día, solo un sol fuerte que llenaba el lugar. Hubiera deseado escuchar algo de música.
En ese momento estaba dispuesta a vender el alma por algo de música. Siempre había sido el motor de mi vida junto con las ciencias.
No podía soportar tanta calma, tenía que moverme. Siempre había sido hiperkinética y ahora estaba obligada a estar en una cama. Intenté levantarme bruscamente pero un fuerte dolor en el tórax me lo prohibió. Recordé que al día del robo andaba con un bolso pequeño, en el tenía unas pocas cosas que para mí eran indispensables: billetera, estuche de maquillaje, libreta de números telefónicos (en ese momento inútil), un cuaderno de ideas por si surgía la inspiración repentinamente, y ¡un reproductor de discos!, gastado y mancillado hasta la médula pero funcionando a la perfección. Me paré con sumo cuidado ésta vez y busqué por la habitación hasta dar con un pequeño guardarropas, en su interior, mi preciado bolso.
Pasé el resto del día escuchando una y otra vez el disco que traía. Una mezcla de varias canciones “made in casa”, que contaba con Los Beatles, Los Who, Elvis, Cardigans, Bon Jovi y algo de mis raíces como Los Tres y De Saloon, entre otros. Debo haberlos escuchado mínimo unas cinco veces.
En la tarde, un doctor fue a verme. Me habló de mi condición y del yeso, que por cierto debía llevar por un mes. De mis costillas, tendría que guardar reposo por unos días pero pronto estaría normal. Revisó la herida del brazo y dijo que estaba cicatrizando perfectamente. Y la moradura pasaría sola. Al día siguiente ya podría largarme del hospital.
En la mañana, intenté vestirme de la mejor forma posible. Ordené mis cosas y me di una “manito de gato”. Terminaba de guardar las cosas, cuando sentí que alguien venía.
-¿Ya te vas?- Era Grissom. Al entrar en la habitación se sacó los lentes de sol que traía puestos.
-Si, me dieron de alta… Gracias-
-Ahora vas a casa ¿verdad? Debes guardar reposo-
-¿Cómo…?- iba a preguntar como sabía pero era obvio.
-Vamos, te llevo-
-¿Enserio? Gracias- Me tomó el bolso y salimos del hospital. En el estacionamiento había pocos autos, nosotros nos dirigimos al más grande. Era una especie de Grand Cherokee negro, perfecto a mi gusto de autos grandes. Me ayudó a subir y nos fuimos de aquel desagradable lugar matasanos. La ventana de mi lado estaba un poco abierta, y al sentir el viento en la cara me sentí viva otra vez, como si el aire me diera algo que necesitaba desesperadamente. Sentí la mirada de Grissom pero preferí mantenerme inmóvil. Estaba demasiado extasiada con el aire como para perdérmelo. Después de unos minutos de viaje llegamos al Hotel, mi hogar.
-Bueno, ya estas en casa-
-Jaaa… claro, gracias por traerme le debo otra más, bueno varias- Le contesté agradecida –Lo invitaría a tomar un café pero no tengo cocina - continué apuntando al hotel a mis espaldas con gracia.
-No hay problema. Dejémoslo para cuando tengas trabajo- me dijo burlón.
-Le prometo que el lunes voy a estar por sus aposentos- le respondí con la misma gracia, y lo abrasé y di un beso en la mejilla. El se quedó inmóvil.
-Lo siento, es la costumbre. Yo… solo quería agradecerle- me excusé avergonzada. No dijo nada, solo sonrió y se volvió al auto. Lo seguí con la mirada hasta que encendió la máquina y di media vuelta para entrar al hotel.
-¡Victoria…! No me llames señor. “Grissom” está bien- me dijo con otra sonrisa, e hizo andar el vehículo hasta que se perdió de vista.
Ese hombre tenía algo especial, su sola presencia me hacía sentir protegida, su mirada tenía algo que me hacía sentir segura y al mismo tiempo tenía algo misterioso, intrigante. Hace tan poco tiempo que lo conosía y ya lo sentía serca, como si quisiera cuidarme.